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Cuando ocurren emergencias por mordeduras de perros a niños es muy importante saber que ni el menor ni el animal tienen la culpa: la tienen los adultos.

Los accidentes con perros suceden porque los dueños no saben interpretar las señales de aviso.

Por eso le consultamos al etólogo David Peiró, director de FOGAUS Bienestar Animal, sobre cómo prevenir este tipo de incidentes.

Es especialista nos indicó que hay que detectar varios factures para prevenir algún ataque.

El primer factor de riesgo es si en la casa hay niños menores de 10 años y perros mayores de 20 kilos: atención, no es lo recomendado.

El peligro también se incrementa si el perro fue separado tempranamente de la mamá. “Muchas veces el problema es que ha habido una separación temprana del cachorro con la mamá y el perro no ha aprendido muchos comportamientos propios de la especie canina”, comentó Peiró.

Es importante conocer la vida anterior del animal, si hubo alguna situación delicada debemos tenerla en cuenta.

Fijarnos si el perro ha tenido algún comportamiento agresivo con algún miembro de la familia o si el perro muestra “celos” con los dueños, sobre todo cuando se acercan sus hijos.

“¿Sabemos si el perro protege sus cosas? Cuando el niño se acerca a los juguetes o a la comida, ¿cómo reacciona”, son preguntas que el experto recomienda analizar.

Si el animal está amarrado y confinado será un animal que se estresa mucho, hay que evitar eso.

El etólogo planteó, además, otras preguntas: ¿cómo es el niño?, ¿rebelde? Hay que cuidar que el menor no le meta los dedos en los ojos a las mascotas o les jale la cola.

¿Ha notado que su perro muestra miedo? Si se ve retraído cuando le hablan o le levantan la mano, sería importante tenerlo presente y consultarlo con el veterinario.

“A veces hay también una prerrogativa de dominancia, chineamos tanto al perro que hacemos al perro jefe, le damos atención cuando el perro quiera y esta no es la forma adecuada. Esto hará que el perro se crea un hijo o más que el hijo humano”, comentó Peiró.

Para finalizar, pero no menos importante, nunca, nunca, los niños se deben quedar solos con el perro: siempre debe existir supervisión de un adulto.